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jueves, 2 de febrero de 2017

Un lagarto en la Casa Blanca (o "al tejón le importa una mierda")







En ocasiones me parece cierta, que sí, que la naturaleza imita al arte, como dijo el displicente ‘Tío Oscar’, y en otras me parece que el arte anticipa la historia. Es lo que me sugiere la relectura de la novela de Sinclair Lewis de 1935, Esto no puede pasar aquí. Lo que yo no sabía entonces, en mi primera lectura, pero sí ahora, es que la ochentera serie de Televisión V, en la que unos alienígenas reptilianos invadían la Tierra, primero simulándose colaboradores de los humanos y luego déspotas y realmente ayudados por colaboracionistas terrícolas estaba basada en la novela de Lewis. Debería haber sospechado cuando la voluptuosa (en su forma temporalmente humana) morenaza Diana se comía una rata viva sujetándola por la cola como si fuera un espagueti. Hay que recelar de las mujeres, por muy bellas que sean y por mucha apariencia humana que tengan, con gustos de comida raros. Una alegoría de un Reich estadounidense que, no por casualidad, surge en los Estados Unidos de Reagan. Muchos interpretaron que esos reptiles de otro mundo eran los malvados comunistas de detrás del telón de acero, con apariencia humana. Otros, ya entonces pensamos, que los reptiles invasores, como en la serie, estaban mucho más cerca, entre nosotros. Lewis siempre insistió que no estaba demasiado atento a lo que sucedía en Europa: el surgimiento de los totalitarismos de derecha e izquierda: miraba a su país.

Ya en 1936 se intentó sin éxito llevar la novela a la pantalla. Lo impidió Hays, el censor republicano que vio acertadamente en ella una crítica a su partido. Y hubo una obra de teatro de bastante éxito interpretada en su papel protagonista por el propio Sinclair Lewis que era apuesto al modo asexuado de algunos ingleses. En la obra no había lagartos alienígenas. Más tarde Harold Bloom la incluyó en su muy anglófilo canon occidental, lo que no impidió que fuera ampliamente olvidada.

Hoy, ese futuro anticipado surge puntualmente. Los reptiles naturalmente andan entre nosotros, y la crisis económica está presente desde el más inmediato pasado, como lo estaba entonces la de 1929. Un reptil depredador, de apariencia humana con morritos enfurruñados, flequillo en toldillo, engolado e ignorante, domina a los humanos y piensa en devorarlos, incluidos a los humanos colaboracionistas, los más tontos de todos, sus votantes. Hay quien sostiene que Melania es una verdadera humana, secuestrada por el ávido reptil, y han acuñado un eslogan pancartero. “Libertad para Melania”. Yo no lo creo, simplemente Melania es un reptil con mejor apariencia humana, pero también come ratas vivas cogiéndolas por el rabito de sus salarios de miseria.

Por cierto, en V también existían los twits, mensajes tan concisos como espantosos. El que más los mandaba era el del flequillo, digo la morena curvilínea. Los humanos los recibían (los recibimos) horrorizados, como las amenazas que eran.

Addenda

El hombre más influyente en la enloquecida política y declaraciones (son de él) de Donald Trump es el asesor Steve Bannon, un licenciado de Harward de extrema derecha, productor de cine y televisión, autor de dos películas biopics sobre Reagan y Sarah Paley. A este hombre racista y que está a la derecha del Tea Party, cada vez que hace una propuesta que consideran excesiva o que puede tener efectos contraproducentes, responde: "al tejón le importa una mierda". Yo al principio, desde mis conocimientos de zoología, no lo entendía, hasta que descubrí que se refería al que en castellano se llama ratel o menos habitualmente y como traducción literal, 'tejón de la miel' (Mellivora capensis), un mamífero de talla mediana que está considerado el carnívoro más agresivo del mundo animal. Actua enfrentándose a presas mayores y a otros depredadores sin importarle las consecuencias. Aquí tenéis el video que muestra el ideal de comportamiento que Trump y Bannon tienen para el resto del mundo: