Algunas de las personas a las que no les gustan las
matemáticas sospechan que las que les gustan hacen todo lo posible porque
parezcan más complicadas. No es cierto; es más, es todo lo contrario, las
matemáticas adoran la simplicidad y los matemáticos la valoran por encima de
casi todo. Así, mi axioma favorito es también el más simple, el del conjunto
vacío.
El axioma del conjunto vacío es el axioma del cero. Establece que debe existir el concepto de nada. Es decir, el concepto de cero, el valor cero, los elementos cero. Las matemáticas, y nosotros de paso, dan por hecho su existencia, la existencia de nada, pero ¿se ha demostrado? No, para nada, precisamente por eso es un axioma y no un teorema; sin embargo debe existir; al menos en matemáticas la nada es.
Pongámonos filosóficos. La vida humana, y toda vida en realidad, es en sí misma el axioma del conjunto vacío. Empieza en cero y acaba en cero. Sabemos que ambos estados existen, pero no somos conscientes de una experiencia ni de la otra (Epicuro razonaba así para argumentar sobre el temor a la muerte); ambos son estados que constituyen una parte necesaria de la vida aún cuando no pueden ser experimentados como vida. Asumimos el concepto de la nada, pero no podemos demostrarlo; no obstante, debe existir. Cada vez que nos morimos demostramos en nosotros mismos el axioma del conjunto vacío, verificamos el cero. ¿No es un desenlace elegante? Por cierto, la inmortalidad es matemáticamente inviable (biológicamente, casi, también (2).
El axioma del conjunto vacío es el axioma del cero. Establece que debe existir el concepto de nada. Es decir, el concepto de cero, el valor cero, los elementos cero. Las matemáticas, y nosotros de paso, dan por hecho su existencia, la existencia de nada, pero ¿se ha demostrado? No, para nada, precisamente por eso es un axioma y no un teorema; sin embargo debe existir; al menos en matemáticas la nada es.
Pongámonos filosóficos. La vida humana, y toda vida en realidad, es en sí misma el axioma del conjunto vacío. Empieza en cero y acaba en cero. Sabemos que ambos estados existen, pero no somos conscientes de una experiencia ni de la otra (Epicuro razonaba así para argumentar sobre el temor a la muerte); ambos son estados que constituyen una parte necesaria de la vida aún cuando no pueden ser experimentados como vida. Asumimos el concepto de la nada, pero no podemos demostrarlo; no obstante, debe existir. Cada vez que nos morimos demostramos en nosotros mismos el axioma del conjunto vacío, verificamos el cero. ¿No es un desenlace elegante? Por cierto, la inmortalidad es matemáticamente inviable (biológicamente, casi, también (2).
Postdata sobre el aborto (venga o no al caso) y los telómeros
Algunas personas que creen que ser progresista es marcar con
una cruz una serie de casilleros de tópicos: pena de muerte, aborto, matrimonios gais, defensa
de la naturaleza, etcétera, me preguntan mi opinión sobre el aborto. Pues bien,
tengo dos, porque para mí el aborto es moral y éticamente insostenible, pero
socialmente es insoslayable. Indefendible y necesario. No todo es tan sencillo como las matemáticas.
(2) Las células cancerosas son (pueden ser) inmortales, lo son
gracias a la telomerasa (la enzima que alarga los telómeros, esos finales de
los cromosomas a modo de remates de cordones que se van acortando con la edad).
Es una costumbre de la biología la de contradecir a la matemática, cosa que no
puede hacer con la reina de las ciencias, la física.


