Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de mayo de 2018

Me duele España



No hay que ser de Bilbao, como Unamuno, para que te duela España. Y como me dolía España, especialmente en el costado izquierdo, he ido al médico que me ha mandado análisis y ecografías y este ha sido el alarmante resultado. 

¿Cómo hemos pasado de la Ejemplar Transición, modelo para próximas dictaduras que quieran acceder a la democracia, al denostado Régimen del 78? De acuerdo en que la primera y elogiosa denominación es una auto atribución de sus muñidores y que la segunda es autoría de unos jovencitos recién llegados a la política que no conocieron aquel proceso ni vivieron sus dificultades ni limitaciones. Pasamos de los fastos de 1992, el Tratado de Maastricht y el euro a los nubarrones actuales veinte años después, con la corrupción rampante y formando parte del sistema político y no su excepción, la grave crisis económica de 2007-2008, con la burbuja inmobiliaria, el 50% del paro juvenil, el exilio de casi toda la inteligencia productiva del país, el separatismo catalán y una Unión Europea viendo resurgir entre sus filas los partidos xenófobos o al menos euroescépticos, con una guerra antiterrorista mantenida y un presidente de Estados Unidos que es obvio que no está en sus cabales pero que atiende a intereses del oligopolio que le ha situado ahí. Una España menos optimista en un ámbito europeo de capa caída. Sólo es comparable este momento al de finales del siglo XIX con la pérdida de las últimas colonias, la guerra también perdida de antemano con el creciente coloso norteamericano y el regreso o restauración a regímenes autoritarios que terminaron conduciendo a nuestra Guerra Civil de cuyas consecuencias y atrasos aún no nos hemos recuperado del todo tras el prolongado aislamiento sufrido tras la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Sin olvidar la última Guerra Carlista en forma de terrorismo etarra hasta hace nada. El único rasgo alentador es que en España pese a todo no ha aparecido un partido de extrema derecha al estilo del Partido de la Libertad en Holanda, el partido del Pueblo en Dinamarca o el Frente Nacional francés, tal vez porque está subsumido en el gran partido de la derecha española, el PP, y esa sería una de las pocas cosas que agradecerle al mismo. Poco a poco se ha ido sintiendo la rígida estructura piramidal de los dos principales partidos a izquierda y derecha que han impedido cualquier solución imaginativa a los grandes retos de cada momento, el surgimiento a su vez de otros dos partidos nuevos que han adquirido rápidamente los mismos defectos que los antiguos, la importancia excesiva en el discurrir del país incluso fuera de sus respectivos territorios de los partidos nacionalistas periféricos y la anómala complacencia de la izquierda por esos nacionalismos tan poco afines a la vocación internacionalista de las izquierdas habituales. La escasa división de poderes, la mala educación cívica y democrática de los españoles, el retroceso de algunos grandes logros del Estado del Bienestar, como la sanidad y la educación y la escasa calidad de los medios de comunicación y sobre todo de los estatales nada independientes del gobierno de turno y en especial de los de derechas, más el despilfarro en obras inútiles, costosas y especulativas. Ha habido un fracaso en la última revolución industrial en España que ha terminado adoptando un modelo productivo nefasto basado en sol y ladrillo, es decir, en turismo masivo de baja calidad, con empleos del mismo nivel, y la construcción/ destrucción del territorio por doquier. Sólo la situación de la mujer, la revolución de género puede considerarse un éxito sin paliativos y un ejemplo para los países de nuestro entorno. En el resto de frentes transversales: económico, medioambiental, laboral, formativo… hemos retrocedido.

El dolor persiste, mi médico me recomienda que aguante sin abusar de los calmantes, que haga viajes fuera para respirar otros aires y, por el contrario, que salga poco de casa.

viernes, 18 de mayo de 2018

Las especias del independentismo



Los que vivimos asombrados el empecinado proceso de independencia catalán quizás ignoramos mayoritariamente que la línea que establece la separación de la Edad Medieval de la Moderna se estableció un día de abril de 1493 en el lóbrego salón de banquetes abovedado conocido como del Tinell en el barrio gótico de Barcelona. Curioso que el mismo escenario que supuso un avance radical del discurrir histórico sea el mismo de los intentos de hacerle retroceder del siglo XXI al XIX; de la globalización, que inauguró en la versión casi actual el propio Colón, al regreso a la nación romántica y la idea fragmentaria de un país, un pueblo, una nación, un estado y un ramillete de fronteras.

En ese gótico salón que aún existe el genovés defendió ante los monarcas castellanos y aragoneses (Cataluña sólo era la parte marítima de Aragón y Barcelona un condado, como Castilla) el éxito de su misión. Poco importaba que no hubiera llegado a las islas de las especias en la India del Extremo Oriente (en realidad Las Molucas indonésicas), sino a un nuevo continente; que los indios que había traído consigo y que avanzaron tímidamente al centro del salón con su desnudez y sus vistosos tocados no eran indios sino caribes, indígenas destinados a su próxima extinción; que los chirriantes loros, sí fueran loros, pero no asiáticos sino americanos y que la canela no fuera canela sino la corteza de otro árbol americano menos valioso. Pero el oro si era oro, aunque poco, las perlas eran perlas y la codicia, junto a la curiosidad y la ignorancia sí eran ciertas, como los sueños, que sueños eran y son e impondrían una nueva era de descubrimientos y transformación del mundo.

Las especias que Colón no trajo eran un poco, solo un poco, las substancias homeopáticas de la época; es decir, sus virtudes reales, como sazonar los alimentos, mejorar su sabor o impedir su deterioro eran menos consideradas que las supuestas de mejorar la salud, las prestaciones sexuales y otros prodigios, a fin de cuentas más increiblemente mararavillosas cuanto más difíciles y lejanas fueran las fuentes de su obtención.

Los milagrosos efectos que tendría la independencia catalana también son homeopáticos, como las supuestas virtudes de las especias, y cuanto más lejana y difícil sea conseguirla, cuantos más dificultades y hasta peligros arrostren los valerosos independentistas en su afán de chocar contra un continente ignoto tanto mejor será el paraíso conseguido, tanto más milagrosas sus especias. El problema es que aunque Colón se embarcó con unos cálculos errados, (infravalorados) de la auténtica magnitud de la circunferencia terrestre que permitía la existencia de un enorme continente entre Europa y Asia hacia el oeste, partía sabiendo que la Tierra era una esfera. Estos independentistas catalanes siguen creyendo en un mundo plano, tan plano como sus obsesivas mentes, y hasta unidimensional y siguen tomando el Procés como un afrodisiaco para sus sueños edénicos. Pero la mayoría de estas utopías terminan convirtiéndose en infiernos distópicos y las milagrosas especias no consiguen evitar la putrefacción de sus propias políticas. O sea, como diría Monterroso, aunque despertasen independientes, el dinosaurio de la miseria de la política catalana seguiría allí.

Error tras error, la pimienta 'india' era en realidad el chile americano; la independencia catalana es el retorno a un mundo aislado y medieval, bonito pero nada funcional como el salón de Tinell.


jueves, 17 de mayo de 2018

Inmunes a las lágrimas de tantos




Ahora que ETA da por finalizada su trayectoria sin que las lágrimas de tantos hayan doblegado sus pretensiones, tan sólo han fracasado, me viene a la mente otra historia muy relacionada con ellos, en el fondo curas y seminaristas de trabuco echados al monte para matar afrancesados y disidentes. Esta es una historia muy ejemplar, aunque algunos, sin contradecirme, dirán que es nada ejemplar. Es ejemplo de fanatismo. Unos arqueólogos encontraron en los años setenta del pasado siglo una estatua romana colosal en Palmira conocida como Atenea-Alat del siglo II d. C. No tenía cabeza ni brazos, aunque se encontraron por separado y se unieron de nuevo, cuidadosamente reconstruida por los arqueólogos. En el siglo IV esta colosal estatua había sido decapitada por fanáticos cristianos que la consideraban un ídolo. En 2016 las fuerzas islamistas fundamentalistas del autodenominado Estado Islámico ocuparon la ciudad de Palmira, colocaron minas y explosivos en todo el recinto y… decapitaron y mutilaron nuevamente a la diosa. Milenios después los fanatismos procedían de igual forma sin que les detuviera la belleza y mucho menos la tolerancia. En los primeros siglos de nuestra era, en mitad del desierto sirio, la glamurosa Palmira, un oasis rodeado de estos árboles, comerciaba con suntuosas sedas.

Se nos ha contado muy mal, sin respetar la historia y cayendo continuamente en la hagiografía, las peripecias del cristianismo primitivo. Lo he afirmado en otras ocasiones, si me dan a elegir entre los mártires y los leones, yo siempre me pongo de parte de los leones. Entre otras cosas porque estos sectarios analfabetos e intolerantes no respetaban nada la tinta del sabio, sólo su sangre era considerada santa. Y es justo al revés. Precisamente estos mártires por su fe no eran tan perseguidos como se ha señalado, salvo en momentos muy concretos del Imperio. Tomemos el caso de un prefecto romano llamado Probo. Está juzgando a un cristiano que se ha negado a ofrecer sacrificios a los dioses de la ciudad. Le pide que obedezca y realice el sacrificio para evitar ser ejecutado al menos nueve veces, que piense en la vida que le queda por delante, en el dolor de sus padres, en el desamparo de su mujer e hijos. “Dobleguen tu locura las lágrimas de tantos y, mirando por tu juventud, sacrifica”. El cristiano se niega a transigir; el prefecto lo intenta una vez más: “Siquiera por ellos [sus hijos], sacrifica”. El cristiano se niega y muere, se autoinmola. El relato habitual nos cuenta que los romanos insistían en que se realizaran los sacrificios para que se condenasen los cristianos. Es justo al revés: insistían para que salvaran la vida. Pero al igual que los suicidas islamistas van derechitos al cielo de la huríes al matar infieles, lo mismo los cristianos que morían por su empecinamiento.

En realidad, con el declive del Imperio Romano y la oficialización del cristianismo como religión oficial, se inició una etapa oscurantista en la que se intento y en gran parte se consiguió borrar los logros culturales de la época clásica. Se inició la Edad de la Penumbra (The Darkening Age, en palabras de la historiadora Catherine Nixey). El imperio romano, como venía siendo habitual, se había mostrado generoso acogiendo nuevas creencias de todos los rincones del Orbe, lo que hoy llamamos tolerancia, pero la llegada del cristianismo lo cambió todo. Porque esta nueva religión, pese predicar la paz, era violenta, despiadada y decididamente intolerante. Cuando se volvió oficial merced al maldito Constantino y la beatorra de su consorte, sus fervientes seguidores emprendieron la aniquilación de toda manifestación disidente, derribaron altares, estatuas y templos, quemaron obras filosóficas y profanas, asesinaros a sus sacerdotes. Historias no tanto perdidas en el tiempo como olvidadas a conciencia. A mala conciencia. 

En las laderas de la Acrópolis de Atenas existió una gran mansión que se entregó a un nuevo propietario cristiano. Ese cristiano, quienquiera que fuera, no tenía un particular gusto por el arte antiguo que tenía la casa. La hermosa piscina se convirtió en un baptisterio. Las estatuas del primer piso se consideraron inaceptables y se hicieron pedazos, adios a Apolo, Zeus y Pan y se arrojaron a un pozo y el mosaico del suelo fue retirado toscamente y sustotudo por una gran cruz de mucha menos calidad. Pero la peor ignominia se reservó para la propia Atenea, como la de Palmira, la diosa de la sabiduría. Se decapitó, claro y como humillación final se colocó boca abajo en un rincón del patió y se utilizó como escalón. Muy metafórico: la diosa de la sabiduría fue desgastándose aplastada por generaciones de pies cristianos. Un gran triunfo de la fe.