sábado, 21 de enero de 2017

El presente eterno de los populismos

Para Chófer Fantasma, que me regaló una idea


"Las palabras son nuestras gafas. Equivocar la palabra es equivocar la cosa". Giovanni Sartori.

Los ideales son esencialmente irrealizables y por lo mismo necesarios; es decir, los ideales no se inventan para ser realizados totalmente, sino para alimentar la tensión democrática, su avance, su alimento esencial. De ahí la ucronía de los populismos, que como ha señalado perspicazmente un comentarista del blog, viven en un presente eterno, sin perspectiva. El perfeccionismo democrático instantáneo conduce inexorablemente al fracaso. La política fue durante siglos el cumplimiento de los designios de los más fuertes hasta la invención de la democracia liberal, que es en realidad el nacimiento de la política, a menos tal y como se concibe hoy. El perfeccionista-populista considera que los ideales deben realizarse al pie de la letra. Cuando se da cuenta de que, al forzarlos, produce resultados inversos, aumenta la dosis, los exagera, y la revolución inevitablemente adopta la imagen de Saturno y devora a sus hijos o los que pudiera tener. De ahí a considerar que lo existente (la casta) es intrínsecamente malvado sólo hay un pequeño paso, y otro más para decidir que para extirpar el mal del mundo hay que destruirlo y crear un mundo nuevo. Otro paso es la idea de que nada cambia sin violencia, y otro que la libertad nunca se nos otorga sino que hay que arrancarla con la fuerza. Paradójicamente, todo este romanticismo revolucionario que supuestamente mira al futuro, solo está instalado, como dije antes, en ese eterno presente donde no hay pasado que valga (la Transición) ni futuro visible, sólo ideales, ideales de un presente lógicamente imperfecto. Es algo que comparten con los nuevos nacionalismos, también instalados en su eterno presente, aunque aludan superficialmente al pasado como una serie interminable y convenientemente manipulada de agravios, pero insistir en que todo nacionalismo es populista es una obviedad: como el Estado en el que están incluidos es lógicamente imperfecto, crearemos una nación que por definición será perfecta (?). Otro paso más, en realidad un pasito, es considerar que la violencia no es solo necesaria (un mal necesario), sino también redentora. Aquí es importante distinguir entre fuerza y violencia. El Estado que me impone sus leyes, me detiene, me procesa (con procedimientos judiciales preexistentes) es fuerza. El agresor que me roba esgrimiendo un arma es violencia, como la masa que me lincha. Confundiendo ambos conceptos, en absoluto idénticos, y confundiendo el famoso dictamen del monopolio de la fuerza por el Estado, de Max Weber, es como se llega a acusar de violencia al Estado —el agente primario de la violencia— y, por tanto, al sistema democrático, pero no al de la dictadura del proletariado, a la democracia ‘popular’, sino al de la democracia liberal parlamentaria, resaltando los rasgos infames —que los hay— del Estado capitalista.

¿La revolución es creativa destruyendo? Parece una paradoja, pero si esa violencia destructiva elimina impedimentos para que nazca algo nuevo y mejor puede admitirse. Pero, ¿qué pasa cuando desde el presente eterno, incluso haciendo buenos diagnósticos de las imperfecciones y males, no hay ningún proyecto de soluciones, lo cual es lógico si estamos en ese presente instalados, sin perspectivas hacia atrás y hacia adelante? La carrera hacia ningún lugar, o la corsa verso il  nulla, que dice Sartori. Lo que sabemos con certeza de la evolución humana es que los innovadores se situan en los márgenes de los instalados y es de ellos de donde surge el futuro, pero los populistas ni son innovadores ni son marginales (sería un error considerar así a estos movimientos intrínsecamente de masas); en realidad, instalados en su presente eterno son  conservadores, negando toda posibilidad de reformismo, o sea, de futuro.

4 comentarios:

  1. Es cierto que todos los populistas se inventan el pasado llegado al caso. El otro día leía a una idiota en Twitter, quien aseguraba que, antes del cristianismo, la brujería (literalmente) era la religión de TODA Europa y que no había propiedad privada ni matrimonio. El escándalo de quien supiera sólo un poco de historia, te lo puedes imaginar. Al final ella misma descubrió que sacó sus chorradas de un libro de La Felguera, una editorial "alternativa" que publica desde textos anarquistas hasta ocultismo (aunque, es necesario decirlo, siempre se decantan por lo más violento) y llaman "fenómenos culturales extremos" al terrorismo.

    De hecho, una de las características de estos grupos es que sólo existe, como mucho, el "pasado idílico" y el momento de la caída (o de los agravios, bien dices). No distinguen períodos históricos, como bien explicas. Y así les va.

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    1. Un pasado idílico y un futuro que quiere regresar a él, y en medio la historia, la real.

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  2. La verdad es que sigo sin tener nada claro que se entiende por populismo, más allá de un calificativo para movimientos que niegan el sistema que llamas de democracia liberal parlamentaria. En las primeras décadas del pasado siglo, el sistema político de la Restauración (corrupto hasta la médula) era puesto en cuestión por bastantes, por ejemplo por los seguidores de un tal Pablo Iglesias. Probablemente, los sucesores de Cánovas y Sagasta que seguían apoyando el modelo y a la monarquía alfonsina, podrían calificar a los socialistas como populistas si por entonces se hubiera inventado el término. No sé, como digo, sigo sin tenerlo claro, sobre todo porque creo que lo que define a los que llamamos populistas (al menos a los domésticos) no es tanto su instalación en un presente continuo, o su negación del parlamentarismo; y, de otra parte, ese lenguaje del que se los acusa no es más demagógico que el de los partidos no populistas. Pero en fin, seguiré esforzándome a ver si logro entenderlo.

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    1. Ya lo expliqué en entradas anteriores que tu comentaste: hay grados en todos los partidos en mayor o menor medida.

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Ansío los comentarios.Muchas cabezas pueden pensar mejor que una, aunque esa una sea la mía