viernes, 30 de diciembre de 2016

Clinton, Sanders y Trump a toro pasado






Tengo observado que los medios de comunicación más habituales, la televisión, la radio y sobre todo los periódicos, tienen asumido el papel de victimas ya que ellos son impolutos y se limitan a informar, cuando en realidad aspiran a conformar la opinión de las masas. Mucho ha rebajado sus expectativas la era de Internet con sus blogs y redes sociales, pero ellos siguen manteniendo ser una élite seria frente a tanta frivolidad digital. Lo cierto es que el presente y hasta el futuro se lee mejor en las calles, los cuarteles y las empresas, con mucha más claridad que en la prensa de la mañana. Pero en cambio es mucho más interesante y revelador leer la prensa pasada de fecha cuando se pueden evaluar mejor sus intenciones y, sobre todo, sus pronósticos. Yo lo he hecho.

A este respecto es muy ilustrativo contemplar el fracaso de la prensa “seria” estadounidense en relación con la victoria de Donald Trump. Esa prensa de prestigio mermado la representan sobre todo dos diarios, el New York Times y el The Washington Post; ninguno de los dos dio en el clavo en sus pronósticos y fracasó en su afán de influir contra la candidatura del penoso multimillonario. Si en su momento se les criticaba utilizaban como respuesta victimista aquello de matar al mensajero, pero el mensajero resultó ser tan tartamudo como falaz. Se apostó por Hillary Clinton, no sólo contra Trump, sino, lo que es peor, contra el bueno de Bernie Sanders. Nunca antes la prensa estadounidense había tomado partido tan abiertamente en unas elecciones, es fácil comprobarlo en las hemerotecas que los propios medios ofrecen en Internet. Mes a mes, día tras día se ocuparon de desacreditar a todos los candidatos que no eran de su agrado empezando por el senador demócrata “socialista” por Vermont, Bernie Sanders, rival de Hillary Clinton en las primarias demócratas. Sanders consiguió buenos resultados en las primarias en aquellos estados en los que Clinton precisamente fracasó en las elecciones presidenciales, lo que me permite deducir que aquel hubiera sido mejor rival contra Trump que ésta.

The Washington Post, a través de editoriales de su redacción, columnas y tribunas firmadas y su propio blog se erigió en faro de estas elecciones con un nutrido grupo de profesionales que representan la misma élite a la que pertenecen, los altos funcionarios, profesores de universidad y demás provenientes de las universidades de la Ivy League (cinco de los ocho miembros de la dirección editorial del Washington Post pasaron por alguna de sus universidades). Estos periodistas profesionales cuando se cruzan con sus iguales: médicos de éxito, altos funcionarios y profesores de universidad de prestigio, que incluyen financieros de Wall Street y empresarios de Silicon Valley, todos excepcionalmente bien pagados, los ven como sus iguales, al igual que el Observatore Romano no se dirige a los revolucionarios marxistas sino a la alta curia que escribe precisamente en ese periódico vaticano.

Y es que a partir de 1970, el Partido Demócrata se ha ido convirtiendo poco a poco en el instrumento político de esta clase dominante y en el portavoz de este tipo de Pensamiento Único. En este sentido Donald Trump y sus votantes no iban tan descaminados. Hillary Clinton, abogada consagrada de curriculum reluciente es un miembro típico de este selecto club. Por su parte Sanders aunque se presenta como progresista que se inspira en la socialdemocracia escandinava, es visto como un atavismo, representante de una época en la que demagogos descamisados se alzaban contra patronos, banqueros y capitalistas. Si se leen los cerca de doscientos editoriales, tribunas y blogs del WP que le dedicó a Sanders entre enero y mayo de 2016 se evidencia un sonrojante desequilibrio y un desigual tratamiento, siendo los textos negativos cinco veces más numerosos que los positivos. Para Hillary Clinton fueron en cambio de un 50% a favor y en contra.

Desde el editorial augural titulado “Sea honesto con nosotros, Sanders” del 20 de enero de 2016 se le acusa de “falta de realismo”, que carece de “cualquier proyecto válido para reducir el déficit” y controlar los gastos de las jubilaciones y, en definitiva, de “falta de seriedad”. Y así siguieron semana tras semana. La idea de Sanders de que existía una “clase de multimillonarios” ferreamente unida para mantener el status quo fue igualmente ridiculizada y se llegó a afirmar que esa clase de mutimillonarios con sus donaciones altruistas había hecho mucho más que Sanders por las clases desfavorecidas. “Elegir a Sanders sería una locura” afirmaba una tribuna firmada por el economista Dana Milbank de la Universidad de Yale. Y a continuación el comité editorial del periódico le dedica un artículo sobre la “campaña engañosa” de Sanders: “Bernie Sanders no es un hombre valiente que defiende la verdad. Es un político que vende su propio catálogo de mentiras a una parte del país que desea comprarlo frenéticamente”. Y así día tras día. A ambos, Sanders y Trump, el susodicho medio los equipara, calificándolos de dirigentes “intolerables”

Mientras el comité electoral de Clinton se frota las manos cuando comprueba que la candidatura republicana se decanta, en contra de los deseos del propio partido republicano, por Trump, al que se considera fácilmente derrotable.

Podría multiplicar los ejemplos, las denuncias de extremismo, la equiparación de Sanders con Trump, la falta de pragmatismo del primero, hasta se le acusa de racismo y de no atender a las minorías étnicas ya que el senador de Vermont todo lo reduce a diferencias entre las clases sociales. En cualquier caso, durante las primarias tanto el NYT como el WP insistieron en que Sanders no tenía la mínima posibilidad de ganar las elecciones presidenciales, aunque en las encuestas Sanders derrotaba siempre a Trump.

Hillary es impopular entre las clases medias y trabajadoras, sobre todo la blanca, en tanto que Trump no lo era tanto y Sanders aún menos. La nada aséptica cruzada de los “influyentes” medios no terminó como estaba prevista. La guerra sucia contra Sanders surtió efecto entre los electores de las primarias, politizados y lectores de prensa escrita, pero el conjunto de electores, como sabemos, reaccionó de forma bien distinta, porque además los estadounidenses son reacios a las consignas de los círculos autorizados. La militancia apasionada del periodismo de prestigio generó una colosal contrarreacción con la que vamos a tener que vivir cuatro años. Y sinceramente, vete a saber, pero creo que Sanders podría haber ganado si no hubiera tenido en contra tanta potencia de fuego pseudoprogresista. ¿Es realmente mala la perdida de influencia de los medios de "prestigio"? ¿Habría ganado Sanders? ¿Está rota la meritocracia en EEUU? ¿Es el Partido demócrata un partido más a la izquierda que el republicano?; y, sobre todo: ¿es, en definitiva, la elección presidencial una competición entre millonarios?

El victorioso Trump, como tantos políticos de éxito a este lado del Atlántico, es un idiota de éxito que puede fácilmente llevarnos al desastre, pero los ilustres y prestigiosos medios escritos de Estados Unidos a mí me recuerdan a esos viejos tontos, egoístas y pomposos, que se sienten más sabios cuanto más olvidan, igualito que el mundo.

8 comentarios:

  1. Sé que es extraño, pero me he reído con tu entrada, porque has resumido muchos de los puntos que se han comentado sobre por qué Clinton ha perdido: el elitismo intelectualoide rancio, esa obsesión por la identidad racial/étnica y la falta de carisma de Clinton, montada sobre la idea de que Trump era un payaso.

    *La has pasado un poco por alto, pero es un elemento que muchos han criticado. Trump, a pesar de sus discursos abiertamente racistas, ha tenido un buen número de votos entre las así llamadas minorías. No sólo porque Clinton sea impopular, sino porque no creen en políticas identitarias ideadas por blancos que no tienen ni puta idea. Por ejemplo, gente que se cabrea de que un "blanco" hable español porque creen que todos los hispanoparlantes son mexicanos, y así.

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    1. Mas vale reir, para llorar ya habrá tiempo...

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  2. Efectivamente Fernando, la "opinión pública" de los medios consolidados es la madre de la manipulación colectiva; ¡viva la opinión pública libre! Volvamos a las barricadas: cafés, tertulias, reuniones, etc., y demos por el c......... a esos malditos. No va de coña.

    Javier

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  3. ¡Feliz 2.017, Lansky! Y lo mismo a todos los lectores del blog. ¡Un fuerte abrazo!

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  4. Es que Sanders era un populista :(

    Feliz año, el primero de la etapa Trump.

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Ansío los comentarios.Muchas cabezas pueden pensar mejor que una, aunque esa una sea la mía